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 Historia del WoW (7º Parte)

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Malkav
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MensajeTema: Historia del WoW (7º Parte)   Miér Mar 12, 2008 12:06 pm

Aegywnn y la cacería del Dragón
Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos
(830 años antes de la Primera Guerra)


Como las rivalidades políticas y militares de las siete naciones humanas aumentaban y empeoraban, la línea de los Guardianes estaba en constante vigilancia contra el caos. Hubo muchos Guardianes a través de los años, pero solamente uno tenía los poderes mágicos de Tirisfal a la vez. Uno de los últimos Guardianes se distinguió como un poderoso guerrero contra la sombra. Magna Aegwynn, una bravía chica humana, ganó la aprobación de la Orden y se le dio el manto de los Guardianes. Aegwynn trabajaba vigorosamente en cazar y erradicar a los demonios donde quiera que los encontrara, pero a menudo cuestionaba la autoridad del Concilio de Tirisfal, dominado por hombres. Ella creía que los ancestrales elfos y los envejecidos magos que presidían el Concilio eran demasiado rígidos en sus pensamientos y no tenían la decisión suficiente de poner fin al conflictivo caos. Impaciente con las lentas discusiones y debates, decidió probarse a sí misma y a sus superiores, por lo que frecuentemente demostraba un valor más allá del entendimiento en situaciones cruciales.
Como su dominio de poder cósmico de Tirisfal crecía, Aegwynn descubrió que un creciente número de poderosos demonios había aparecido en el congelado continente de Northrend. Viajando al distante norte, Aegwynn encontró a los demonios entre las montañas. Descubrió que estos demonios habían cazado a uno de los últimos dragones sobrevivientes y habían absorbido la magia innata de las ancestrales criaturas. Los poderosos dragones azules, hijos de Malygos el Forjador de Conjuros, con el aumento de las sociedades mortales sobre el mundo, decidieron enfrentarse ellos mismos a las oscuras artes mágicas de la Legión. Aegwynn confrontó a los demonios, y con ayuda de los nobles dragones, los vencieron. Sin embargo, tan pronto como el último demonio desapareció del mundo, una gran tormenta emergió desde el norte. Una enorme figura oscura apareció sobre el cielo de Northrend. Sargeras, el rey de los demonios y señor de la Legión Ardiente, apareció ante Aegwynn y la atacó con increíble energía. Le dijo a la joven Guardiana que el tiempo de Tirisfal estaba a punto de llegar a su fin y que el mundo pronto sería devorado por la Legión.
La valiente Aegwynn, creyéndose suficientemente fuerte para pelear con el amenazante dios, lanzó sus poderes contra Sargeras. Con desconcertante facilidad, Aegwynn derrotó al demonio y logró matar su forma física. Creyendo que el espíritu de Sargeras había pasado al abismo, la noble Aegwynn llevó su ruinoso cuerpo a uno de los antiguos salones de Kalimdor que se encontraba cerca del centro del mar, donde colapsó el Pozo de la Eternidad. Aegwynn nunca sospechó que eso era exactamente lo que Sargeras había planeado...

Guerra de los Tres Martillos
Runas enanas de Ironforge
(230 años antes de la Primera Guerra)


Los enanos de Ironforge vivieron en paz por muchas centurias. Sin embargo, su sociedad había crecido entre los confines de sus montañosas ciudades. Mientras el poderoso Alto Rey Enano, Modimus Anvilmar, regía sobre los enanos con justicia y visión, tres poderosas facciones se fortalecieron sobre la sociedad enana.
El Clan Bronzebeard, regido por el Rey Madoran Bronzebearb, muy cercano al Alto Rey y tradicionalmente defensores de Ironforge. El Clan Wildhammer, regido por el Rey Khardros Wildhammer, habitaba los fuertes y minas cercanos a la base de la montaña y ganaba cada vez más control sobre la ciudad. La tercera facción, el Clan Dark Iron, estaba regido por el rey-hechicero Thaurissan. Los enanos de este clan habitaban las profundas sombras dentro de la montaña y conspiraban contra los Bronzebeards y Wildhammers.
Por un tiempo las tres facciones mantuvieron la paz, pero las tensiones estallaron cuando el Alto Rey Anvilmar murió de avanzada edad. Los tres clanes en pugna estallaron en una guerra por el control de Ironforge. La guerra civil enana rugió bajo la tierra por muchos años. Eventualmente los Bronzebeards, con un ejército más grande y fuerte, expulsaron a los Dark Iron y a los Wiildhammers fuera de la montaña.
Khardros y sus Wildhammers viajaron hacia el norte a través de las puertas de Dun Algaz, y fundaron su propio Reino en el distante pico de GRIM BATOL. Allí, los Wildhammers cavaron y reconstruyeron sus perdidos tesoros. Thaurissan y sus Dark Iron no tuvieron tanta suerte. Humillados y encolerizados por su derrota, deseaban venganza contra Ironforge. Guiando a su gente hacia el sur, Thaurissan fundó una ciudad (que llamó como el mismo) bajo las bellas Montañas Redridge. Prosperidad y el paso de los años no disminuyeron el rencor de los Dark Iron contra sus primos. Thaurissan y su esposa hechicera, Modgud, lanzaron dos prolongados asaltos contra Ironforge y Grim Batol. Los Dark Irons reclamaban Khaz´Modan para ellos solos.
El ejército Dark Iron atacó los fuertes de sus primos y estuvieron cerca de tomar ambos reinos. Sin embargo, Madoran Bronzebearb lideró a su clan a la decisiva victoria sobre el ejército de brujos de Thaurissan. Este y sus sirvientes se retiraron a la seguridad de la ciudad, sin conocer la suerte del ejército de Modgud contra Khardros y sus guerreros Wildhammer.
Conforme enfrentaba a sus enemigos, Modgud usaba sus poderes para sumir en miedo sus corazones. Las Sombras se movían a su mandato, y criaturas tenebrosas brotaban de la tierra para atacar a los Wildhammers en sus propios salones de Grim Batol. Eventualmente Modgud rompió las puertas de la ciudad y empezó el asedio del fuerte principal. Los Wildhammers pelearon desesperadamente, Khardros mismo tomó sus mazas y mató a la reina-bruja. Con su reina muerta, los Dark Irons sufrieron la furia de los Wildhammers, huyeron hacia la fortaleza de su rey, solamente para toparse con los ejércitos de Ironforge, que habían acudido en ayuda de Grim Batol. Atrapados entre los dos ejércitos, los últimos Dark Iron fueron destruidos.
Los ejércitos unificados de Ironforge y Grim Batol se dirigieron al sur para destruir a Thaurissan y sus Dark Irons de una vez por todas. Este, desesperado en su furia, invocó un hechizo de proporciones cataclísmicas. Tratando de invocar un ser sobrenatural que le asegurara la victoria, Thaurissan convocó antiguos poderes durmientes bajo el mundo. En su estado de shock, y para su perdición, la criatura que emergió no podía ser más terrible que cualquier pesadilla que se pudo imaginar.
Ragnaros el Señor del Fuego, el inmortal señor de los fuegos elementales, derrotado por los Titanes cuando el mundo era joven, emergió entre potentes llamaradas. Liberado por el llamado de Thaurissan, Ragnaros erupcionó de nuevo a la superficie. El renacimiento apocalíptico de Ragnaros en Azeroth resquebrajó las Montañas Redridge y creó un furioso e inmenso volcán en el centro de la devastación. El volcán, llamado Blackrock Spire, estaba limitado por la Costa Rugiente al norte, y las Estepas Ardientes al sur. Muerto Thaurissan por las fuerzas que el mismo liberó, sus hermanos sobrevivientes fueron esclavizados por Ragnaros y sus elementales de fuego. Él domina Blackrock Spire hasta el día de hoy.
Observando la horrorifica devastación y los fuegos de las montañas del sur, los reyes Madoran y Khardros levantaron sus ejércitos y retornaron a la seguridad de sus reinos, eludiendo dar la cara a la ira de Ragnaros.
Los Bronzebeards volvieron a Ironforge y reconstruyeron su gloriosa ciudad. Los Wildhammers retornaron a Grim Batol. Sin embargo, la muerte de Modgud había dejado en un terrible estado el fuerte, y los Wildhammers lo encontraron inhabitable. El Rey Bronzebearb ofreció a los Wildhammers un lugar para vivir dentro de las fronteras de Ironforge, pero los Wildhammers lo rechazaron. Khardros tomó a su pueblo y lo llevó hacia el norte, hacia las tierras de Lordaeron. Ingresando en los frondosos bosques de Hinterland, los Wildhammers construyeron una ciudad en Aerie Peak, donde los Wildhammers estuvieran en contacto con la naturaleza y eventualmente domaron a los grifos del área.
Tratando de mantener relaciones de comercio con sus primos, los enanos de Ironforge construyeron dos grandes arcos, los Thandol Span, un puente entre Khaz Modan y Lordaeron. Interesados en el comercio mutuo, ambos reinos prosperaron. Luego de la muerte de los reyes Madoran y Khardros, sus hijos construyeron dos grandes estatuas en honor a sus padres. Las dos estatuas montan guardia sobre el paso de las tierras sureñas, que se volvieron volcánicas por la presencia de Ragnaros. Ellas servirían como advertencia a todo el que quisiera atacar los reinos enanos, y como un recuerdo del precio que los Dark Iron pagaron por sus crímenes
Los dos reinos permanecieron aislados por algunos años, pero los Wildhammer cambiaron mucho por los horrores vividos en Grim Batol. Tomaron la decisión de de permanecer en la superficie, sobre las rocas de Aerie Peak, en lugar de cavar un vasto reino bajo la montaña. Las diferencias ideológicas entre ambos reinos enanos eventualmente los condujeron por caminos distintos.

El Último Guardián
Según la biblioteca secreata de los Altos Elfos
(45 años antes de la Primera Guerra)


La Guardiana Aegwynn acrecentó sus poderes los años subsiguientes y las fuerzas de Tirisfal extendieron grandemente su vida. Creyendo que había derrotado a Sargeras para bien, continuó salvaguardando al mundo de las fuerzas diabólicas por cerca de novecientos años. Sin embargo, el Concilio de Tirisfal finalmente decretó que su tiempo había llegado a su fin. El Concilio ordenó a Aegwynn volver a Dalaran para que su sucesor fuera escogido. Pero Aegwynn difería del Concilio, y decidió escoger ella misma a su sucesor.
Planeó dar a luz un hijo al cual le heredaría todo su poder. No tenía intención de que la Orden de Tirisfal manipulara a su sucesor como la había manipulado a ella. Viajando a la sureña nación de Azeroth, Aegwynn encontró al perfecto padre para su hijo: un astuto mago humano conocido como Nielas Aran. Aran era el mago de la corte del rey de Azeroth. Aegwynn sedujo al mago y concibió de él un hijo. La afinidad natural de Nielas por la magia marcó profundamente al niño no nacido y luego definiría los trágicos pasos que tomaría cuando fuese adulto. El poder de Tirisfal fue heredado al niño, pero este no se manifestaría hasta su madurez.
Pasado un tiempo, Aegwynn dio a luz a un hijo varón. Llamándolo Medivh, que significa "guardián de los secretos" en la lengua de los altos elfos, Aegwynn creía que el niño, al llegar a la madurez, sería el próximo Guardián. Desafortunadamente no sabía la terrible verdad de los planes de Sargeras: el maligno espíritu del oscuro Titán se había ocultado en su interior después de su batalla con él, y había poseído al indefenso niño mientras este estaba en el vientre de su madre. Aegwynn no tenía idea que el próximo Guardián estaba realmente poseído por su más grande némesis.
Asegurándose que su bebe creciera sano y fuerte, Aegwynn llevó al pequeño Medivh a la corte de Azeroth y lo dejó para que fuese criado por su padre mortal y su pueblo. Ella lo seguiría vigilando desde la sombra, preparándose para cederle su poder cuando estuviera listo. Medivh creció para convertirse en un muchacho fuerte, sin tener idea del gran poder que albergaba su espíritu.
Sargeras esperó su momento para manifestar su poder en el joven. Con el tiempo, Medivh llegó a la edad de la adolescencia, y se había convertido en un joven apuesto y popular en Azeroth por la facilidad con que progresaba en los estudios mágicos con su padre, y por las aventuras con sus dos mejores amigos: Llane, príncipe de Azeroth, y Anduin Lothar, uno de los últimos descendientes de la línea sanguínea Arathi. Los tres muchachos constantemente hacían travesuras por todo el reino, pero eran amados por los ciudadanos en general.
Cuando Medivh cumplió los 14 años, el poder cósmico dentro de el despertó e inició una lucha terrible con el invasor espíritu de Sargeras, combatiendo por su alma. Medivh entró en un estado catatónico que duró muchos años. Al despertar de su coma, se halló en la madurez, y sus amigos Llane y Anduin se habían convertido en los regentes de Azeroth. Aunque deseaba profundamente utilizar sus increíbles poderes para proteger su tierra, el oscuro espíritu de Sargeras trastornó sus emociones y pensamientos, para llevarlos a un terrible final.
Sargeras había dominado el confundido corazón de Medivh, y ahora sus planes de una segunda invasión demoníaca sobre el mundo estaban casi completos. Y el último Guardián del mundo le ayudaría en sus oscuros propósitos.

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El fin de los dias se acerca, Malkav se a levantado de su letargo, y ahora llama a sus hijos que durante siglos han sido tachados de locos e incompetentes.

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